Sueldos y salarios: entre la fe y lo técnico

(04 Feb 2023) Hace ya varias décadas que algunos podíamos suponer soluciones fáciles a problemas complejos. En parte, además de vivir en un Estado petrolero, con un paraguas inmenso para acobijar a todos, la ilusión socialista influía considerablemente.

A ver. No me refiero a las últimas dos décadas. Me refiero a la influencia de lo social desde el inicio de la democracia, o sea, 1958. La socialdemocracia no es otra cosa que la versión y vía democrática del ideal socialista, de manera un poco más aterrizada. Y esa era la ideología de don Rómulo Betancourt. Puede que se renunciase a la revolución y que se fuese pluriclasista, como rezaba el partido por él fundado. Pero esa presión existió e influyó, más en un país sin problemas de chequera.

Basta recordar el manejo del boom petrolero en tiempos del primer Carlos Andrés Pérez. Luego de una expansión en la intervención del estado en cantidad de campos donde resultó ineficiente, creación de industrias deficitarias y subsidiadas no funcionó, se tuvo que renunciar a la política de substitución de importaciones. El mismo descenso de los precios petroleros en los años ochenta hizo que se tuviera que racionalizar un poco la economía.

Pero más se pareció a un "sálvese quien pueda" que a un proceso de transformación social. La solidaridad social se perdió, como cuando alguien se despierta de un sueño. Las clases pudientes se adaptaron, las clases medias se acomodaron y parecía que a las clases populares se les decía que tenían que conformarse con su suerte.

Pasaron los convulsionados años noventa. Luego, el Estado volvió a un boom petrolero en primera década del segundo milenio. La inversión fue malamente direccionada. Daba la impresión que más servía para enrocarse en el poder que para labrar un largo plazo. La diplomacia petrolera consiguió adhesiones en organizaciones internacionales. Pero del 2007 en adelante se fue resquebrajando la ilusión monoexportadora. Y ya estamos de vuelta teniendo que racionalizar la economía. Solo que con una crisis sin precedentes.

Normalmente referirse al Banco Mundial es pensar en el malo de la partida. Pero es este el que da, como referencia, que una jornada que se pague a menos de USD 2.15 (antes era de 1.95) es pobreza extrema (indigencia). Y plantea otras dos líneas, una en USD 3,20 y USD 5,50, siempre refiriéndose al ingreso diario. Lo que ayuda a pensar que la situación de los trabajadores en Venezuela, principalmente los públicos, los educadores y pensionados y jubilados (los que dependen del Estado), es alarmante. La mayoría de ellos no ganan ninguna de esas cantidades al mes (en 30 días). En esas familias es que se puede tomar el pulso de lo que significa "emergencia humanitaria compleja". Y son indicadores, que dicen mal del estado de salud tanto de la economía como de la sociedad en áreas muy diversas. Pese a que el tema de la pobreza sea, de por sí, difícil de medir. Por ejemplo, según la Encuesta de Condiciones de Vida del Venezolano del 2022 (ENCOVI), la mayoría de las viviendas son de paredes de bloque o ladrillo, lo cual habla bien de la vivienda. Y, sin embargo, se es pobre en esas condiciones.

El Estado, que es el gran empleador en Venezuela, busca exculparse basándose en las sanciones. Pero estas comenzaron en agosto del 2017. Con anterioridad Obama había incluido a Venezuela como "amenaza", en un texto "oficial" que se utiliza para incluir cualquier país que así se considere, más allá de lo que pudiera implicar según los casos. Pero sin consecuencias concretas. Cuando Donald Trump inicia las sanciones, no solo la situación era de deterioro, que es la motivación también para las protestas del 2017, sino que había iniciado la emigración masiva o desplazamiento forzoso.

Con esto solo quiero recoger lo que está puesto en el informe de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, del 4 de julio de 2019: que el Estado erró en sus políticas y tampoco solicitó ayuda internacional. Esto es importante para entender que, a diferencia de los años setenta o de inicios del milenio, el Estado no puede subir a placer los sueldos y salarios sin caer en la impresión inorgánica de dinero, devaluación e inflación. El modelo debe variar, para conseguir resultados distintos. Hay un problema de políticas públicas, hay un problema macroeconómico y hay un problema de gerencia desde la administración pública. Es decir, hay un problema económico con consecuencias claras sociales que incluye la capacidad de consensuar políticas y no solo de ganar elecciones. Independientemente de quien las ganase, en condiciones ideales (abiertas y transparentes).

Por un lado, la sociedad venezolana, sea por el actual sistema vigente desde hace veinte años, sea por los antecedentes a principios de la era democrática, aspira a una seguridad social exigente. Cuestión que no se dio, pero que fue mucho mejor que la realidad actual. No siempre es posible consolarse con el corporativismo, pues no debería satisfacer aspiraciones por gremios, sino una cobertura de seguridad social universal (para todos los que viven en este país, además de la disposición de la jubilación de quienes pasan su vejez en el extranjero). Pero para ello hace falta una economía lo más sana posible, toda vez que no se depende de la misma manera de la explotación petrolera.

La transición hacia una economía donde la participación privada sea cada vez mayor es necesaria. Lo cual no significa que se deba proceder de forma precipitada. Por lo tanto, el Estado debería depender más de las tributaciones. Lo que no implica que deba inventar mayores y nuevos impuestos. Una economía sana es la que tiene un dinamismo que debe ser protegido en su libertad. Un cálculo sencillo es que, si se multiplican los intercambios económicos diarios, el ingreso al Fisco nacional será mayor. Ni siquiera se requeriría de la impresión de dinero, si un mismo billete pasa por varias manos un mismo día: en la mañana compró la empanada, al mediodía el vendedor pagó la deuda al proveedor de quesos, este cumplió con el transportista y al mismo tiempo le llegó el dinero al productor, como para ir reuniendo para pagar el préstamo (que puede ser alguna ayuda del Estado). Obvio que es una esquematización, pero busca retratar una situación ideal que, por supuesto, puede tener sus distorsiones.

Si bien se podría pensar que la solución no es inmediata, tampoco es una justificación para no hacer nada. Primero, se debe vislumbrar la situación ideal (que los sueldos y salarios, así como jubilaciones y pensiones sean suficientes). Luego hay que ver qué implica a nivel de transformaciones del esquema actual, con etapas y compromisos para todos los actores. Dicho proceso (o camino) debe ser lo suficientemente transparente como para que, más allá de las acciones inmediatas que se deban tomar en favor de los trabajadores y educadores (entre otros), los sacrificios restantes no se vean burlados.

Llamé a esta colaboración "Sueldos y salarios: entre la fe y lo técnico", porque ciertamente la fe exige que el trabajador gane lo suficiente como para llevar una vida digna. Para tal cosa, es importante (también es una exigencia desde la fe) que el fondo de jubilaciones y pensiones sea robusto y pueda cumplir con todos los beneficiarios, y no solo como trabajador o trabajadora activo. Ello implica transformar el sistema económico por uno que sea más robusto y dinámico. Y para ello hace falta que el Estado deje de ser el gran empleador y sea solo el gran recaudador e inversor en infraestructuras y políticas públicas. De nada sirve que haya una gran recaudación que solo sirve para pagar nómina y no mejorar la calidad de vida de quienes son venezolanos o viven en este país. Por lo que el Estado debe ser más eficiente.

La fe exige esto. Forma parte de la justicia social y el bien común. Parte de la visión humanista contenida en el Evangelio y recogida en la Doctrina Social de la Iglesia. La aplicación requiere de la intervención técnica y los consensos políticos, que no son de partidos políticos, sino de aspiraciones ciudadanas.

Los Derechos Humanos no puede ser una declaración de intenciones. Deben crearse las condiciones para su estricto cumplimiento.


El Derecho de los Menores

(29 Ene 2023) A lo largo de la Biblia hay una preocupación especial de Dios por aquellos que se hayan en condición de desventaja y vulnerabilidad. En parte, de esta forma Dios se revela como el Misericordioso. Así entran dentro de esta categoría los pobres, las viudas, los huérfanos y los extranjeros. Así lo recuerda el Catecismo, refiriéndose al pecado como responsabilidad personal:

La tradición catequética recuerda también que existen "pecados que claman al cielo". Claman al cielo: la sangre de Abel (cf Gn 4, 10); el pecado de los sodomitas (cf Gn 18, 20; 19, 13); el clamor del pueblo oprimido en Egipto (cf Ex 3, 7-10); el lamento del extranjero, de la viuda y el huérfano (cf Ex 22, 20-22); la injusticia para con el asalariado (cf Dt 24, 14-15; Jc 5, 4). (CEC 1867).

En el Levítico hay un texto que habla sobre el recto juicio en el sentido contencioso: no dar la razón al rico, por ser rico, ni al pobre, por ser pobre (Lv. 19,15). Lo cual tiene un acierto: no es cuestión ni de poder ni de lástima, sino de justicia. En el resto de los textos, siempre la preocupación es en relación con quien no tiene forma de hacer valer su derecho, o sea, los pobres y similares (mujeres, huérfanos, viudas).

En el Antiguo Testamento, la función del rey como representante de Yahvé Dios era la de preservar la justicia de acuerdo a la Alianza. Es decir, por motivos fundacionales, que implica a fe en Dios. Esto es, la fe con contenido y obligaciones, no la fe solo como actitud. En la mayor parte de los casos, tal cosa no ocurre: los ricos y poderosos abusan de los pobres y los débiles. En otras, como en el Exilio, todo el pueblo tiene esa condición preferencial para el amor de Dios.

En el Nuevo Testamento, particularmente en los Evangelios, se nota la misma preferencia, sin la cual sería complicado entender el mensaje de Jesús y del Reino. Tomando en consideración la situación en Galilea, donde gobernaba como tetrarca Herodes Antipas, la depauperación de la población era galopante. Así que, además de un sistema religioso excluyente con el pueblo llano, no conocedor de todas las prescripciones, o que debía transgredir preceptos secundarios para ganarse la vida, estaba la situación de los enfermos, tratados como pecadores; o las mujeres solas y los niños, sin la figura de un adulto varón que los representara desde la Ley. Herodes buscaba emular a su padre con el ornato de ciudades como Séforis o Tiberíades, en honor de Tiberio. Y ello requería un sistema de impuestos inclemente.

Tal situación conllevaba a que se perdiera las tierras en propiedad, algo tan preciado para un judío, pues era el equivalente a lo que para nosotros sería perder la ciudadanía. Y el riesgo de cárcel era razón suficiente para huir hacia las montañas y dedicarse al bandidaje. La narración de la parábola del Buen Samaritano ilustra perfectamente este caso. Tan importante, por cierto, que parte de la labor de Flavio Josefo, el escritor judío que narra como testigo sobre la sublevación de los judíos hacia el año 65, que como representante de la autoridad de Jerusalén en Galilea, tuve que vérselas con asegurar pactos de protección entre hacendados y bandidos, por razones de gobernabilidad, paz social y, sobre todo, vista la reacción que tendrían los romanos, cuando se aplacaran las revueltas de Roma. Y al inicio dicha sublevación judía, que terminaría con la toma de Jerusalén y la destrucción del Templo en el año 70, entre los primeros tumultos en la capital judía hubo quienes quemaron el registro de deudores en el Templo de Jerusalén.

Así que el contexto en que Jesús predicó, realizó curaciones y liberó endemoniados, no fue nada fácil, por lo que restarle importancia a su mensaje para que no toqué cuestiones vitales es injusto y acomodaticio. La relación con Dios, como Padre, incluye la relación con el otro como hermano… y en ocasiones como hermano menor.

Como esto se hace operativo en el siglo XXI, es harina de otro costal. Y si tocamos la particularidad de Venezuela, mucho más. En el siglo XX hubo quienes creyeron, desde la teología y la práctica pastoral, que ello implicaba cambios hacia un modelo de sociedad como los que había en el este europeo. Ya se lo había advertido Juan Luis Segundo a Assmann, que detrás de la cortina de hierro las cosas estaban lejos de ser ideales. La concentración del poder y la falta de equilibrios, entre otros aspectos como la sana dinámica económica, hizo que el experimento socialista no solo diera al traste, sino que se mostrara encubridor de toda clase de excesos y crímenes. Solo considerando la economía, como creación de bienes y servicios que, si bien son cuantificables, tienen el objetivo de satisfacer necesidades y no inflar números bancarios. Así que tenemos preguntas, pero no respuestas. Y toda respuesta será provisoria. Nada es ni puede confundirse con el Reino de Dios. Pero hay que hacer que se acerque lo más posible, inclusive en lo social.

La bondad del tema de los Derechos Humanos, para el creyente, es que intenta preservar el mínimo no negociable en ningún sistema político o económico. Plantea una tensión no solo hacia el ideal, sino también hacia el ideal realizable. En su clasificación, los derechos civiles y políticos son de absoluto cumplimiento (no puede haber, por ejemplo, elecciones medio transparentes, ni la gente puede estar medio viva o, para los creyentes, solo ciertas vidas humanas una vez concebidas tengan el derecho de vivir y otras no). Todo mejorable, pero que debe ser cumplido.

Distinto ocurre con los Derechos Económicos, Sociales. Culturales y Ambientales, cuya obligación es de comportamiento. Cada país tiene una realidad económica y social particular, con unos desafíos que implican procesos más lentos. Por esto un Estado puede estar haciendo su mejor esfuerzo en favor del Derecho a la Salud (el Derecho a la mejor salud posible), por los mejores salarios o el nivel educativo, sin ahondar en otros. Si no hay las debidas inversiones o políticas, pudiendo haberlas, el Estado estaría faltando a sus deberes. En el caso del derecho a la educación, ello implica la necesidad de docentes preparados, lo cual no se puede improvisar.

De ahí la importancia de los estándares internacionales, que son el mínimo que debe asegurarse, pero que debe sr progresivo. Por ejemplo, para el Banco Mundial, la línea de pobreza extrema está indicada por los que disponen de menos de USD 1.90 al día, mientras que entre 1.90 y 3.20 representaría pobreza moderada en un país que se tabule como de ingresos entre medios y bajos. Por lo que la meta no estriba en que la población disponga de unos ingresos por encima de los 3.20. Recuerdo haber leído que el ingreso debía ser, como mínimo, de USD 5 diarios. Por supuesto que hay otros factores de cálculo, como el precio de la canasta básica alimentaria, por ejemplo. Y así sucesivamente.

Quienes nos decimos ser seguidores del Nazareno, no podemos contentarnos con conservar la posibilidad de ejercer la libertad de culto. Es importante ejercer el derecho a la libertad de conciencia y opinión, que tiene que ver con contribuir en favor del bien común. Y esto siempre estará a un paso de la política, que son acuerdos de convivencia, participación y limitación del poder.

Por esto, no es indiferente para nosotros la visita a Venezuela del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk. Como tampoco que exista la amenaza de coartar la libertad de acción de las organizaciones de Derechos Humanos en Venezuela.


Divina Pastora de las almas…

(15 Ene 2023) Tan querido es el nombre de "Divina Pastora" como complicado de asimilar teológicamente. De hecho, la fiesta litúrgica se llama "María, la madre del Buen Pastor". Con lo cual pudiésemos quedarnos todos contentos y a raya… todos, menos el Pueblo sencillo de Dios.

Si la religiosidad popular representa una fuente de sabiduría, tal como la rescata documentos de la Iglesia y la Teología del Pueblo, no por ello la teología debe quedarse al margen. Todo lo contrario, debe preguntarse si es posible que diga algo.

Confieso que no soy mariólogo, es decir, especialista en la teología relacionada con la Virgen María. Sí lo son los padres Antonio Larocca y Javier Alson. A ellos disculpas si me meto en aguas profundas. Así que procederé con cautela, primero examinando hasta donde pueda el título de "Divina Pastora" y luego extrayendo algunas consecuencias desde la cristología (más cercana a mí) y la eclesiología (que rozaré con la debida delicadeza, pues no desenvuelvo en esa área quienes imparten esta materia en el Seminario).

El título de "Divina Pastora" es, por lo menos, equívoco. Es decir, se presta a confusión. Pues ¿qué entendemos por "Divina"? y ¿qué entendemos por "Pastora"?

Qué no entendemos es más fácil (y necesario) que lo que sí entendemos. Por ejemplo, por "Divina" no estamos afirmando una especie de naturaleza (o identificación) con la Divinidad, como si fuera Dios u otra persona de la Santísima Trinidad. Ni eterna ni nada de eso.

Por "Pastora" no queremos afirmar que lo sea al modo de Jesús, Buen Pastor, o que comparta la misión de los pastores ordenados en la Iglesia, pues no ejerció ese rol de dirección jerárquica ni presidió las Eucaristías (la Fracción del Pan, como se le llamaba a la celebración de la misa en las primeras comunidades).

Pero, para no quedarnos en una afectividad sin contenido, es importante avanzar. Es muy curioso, pero algo podemos aprender de los emperadores romanos. Ellos se consideraban a sí mismos como "divinos" y se exigía un culto cuyo fin era mantener la cohesión del imperio. Pero ser "divinos" no implica afirmar su divinidad, como sí ocurría en Egipto, donde los emperadores eran adorados como dioses. Era una consideración sobre su vinculación con la divinidad, su carácter sagrado. Podía verse como una elevación a lo divino, una vez que eran constituidos como emperadores.

Obvio que tal cosa no se aplica palabra por palabra a la Virgen María. Pero sí podemos considerar que lo de "Divino" radica no en su naturaleza, sino en la relación con Dios o como Dios la asumió. O sea, el "Divino" es Dios, que la eleva y la hace partícipe de su divinidad, lo cual es propio de la teología tradicional católica ("dioses por participación"), que es la manera como se entiende el pasaje de Juan:

Jesús les respondió: «¿No está escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: dioses sois? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios - y no puede fallar la Escritura - a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: "Yo soy Hijo de Dios"? (Juan, 10,34-36)

Lo segundo, es referente al título de "Pastora". La imagen bucólica de la Virgen apacentando a las ovejas con Jesús es bellísima. Y espiritualmente cierta. Pero ¿María es tan pastora como Jesús es pastor? ¿María puede ser tan pastora como lo son los obispos y presbíteros (sacerdotes)? Son las preguntas y referencias cristológicas (Cristo) y eclesiológicas (Iglesia).

De nuevo, en el sentido estricto, María no sería "Pastora". Es decir, en la Escritura Jesús es el único Pastor. De ahí que el título oficial es "María, Madre del Buen Pastor". Desde el punto de vista bíblico, Jesús es el Buen Pastor según Jn. 10, que da la vida por sus ovejas (fue él quien murió en la cruz). En la Escritura la labor de hacer presente a Dios como Pastor ha caído en varones (reyes, Ez 34) y, en el Nuevo Testamento, les también correspondió a los que escogió Jesús, entre los varones, los apóstoles ¿Nos quedamos con esta respuesta?

Si bien la imagen de la Pastora pudo haberse originado en los poemas bucólicos de bellas pastoras en ambientes mitológicos, san Juan de la Cruz tiene un precioso poema llamado El pastorcico:

1

Un pastorcico solo está penado

ageno de plazer y de contento

y en su pastora puesto el pensamiento

y el pecho del amor muy lastimado.

2

No llora por averle amor llagado

que no le pena verse así affligido

aunque en el coraçón está herido

mas llora por pensar que está olbidado.

3

Que sólo de pensar que está olbidado

de su vella pastora con gran pena

se dexa maltratar en tierra agena

el pecho del amor mui lastimado!

4

Y dize el pastorcito: ¡Ay desdichado

de aquel que de mi amor a hecho ausencia

y no quiere gozar la mi presencia

y el pecho por su amor muy lastimado!

5

Y a cavo de un gran rato se a encumbrado

sobre un árbol do abrió sus braços vellos

y muerto se a quedado asido dellos

el pecho del amor muy lastimado.

Con la forma de escritura del siglo XVI, bien puede entenderse que habla de una "Pastora", que se referiría a cada alma, pero también al pueblo judío o a la humanidad. Tampoco está alejado de la Iglesia, si se quiere destacar el misterio de infidelidad en que pueden caer los bautizados, no como si se dudase de la presencia del Espíritu Santo. En la Escritura, el Pueblo de Dios del antiguo Testamento era comparado a una esposa (Os 3), que era infiel. En el nuevo Testamento, la Iglesia es esposa de Cristo, a quien su amor pretende (Ef 5,25).

Con lo que nos da algo de "cancha" para buscar un sentido "ortodoxo" a lo de "Pastora". Al final es más sencillo que toda la trayectoria recorrida. El Buen Pastor es Jesús y todos participamos de su dimensión pastoral de manera distinta, pues lo ministerial quedaría reservado para los ministros (obispos y presbíteros o sacerdotes), con competencia en la dirección-animación de las comunidades, la enseñanza "autorizada" y la santificación a través de los sacramentos (más allá de las excepciones, como cuando cualquier persona imparte el bautismo o, en el matrimonio, que los esposos son los ministros de su sacramento). Participación con Cristo-cabeza, en el símil de la Iglesia como Cuerpo de Cristo (1 Co 12,12).

Para los orientales, el misterio de María se clarifica en el misterio de Jesús. De hecho, nuestra Divina Pastora va con Jesús Niño. Es Jesús quien defiende las ovejas de los lobos, lo cual recuerda la compenetración de María con el misterio de Jesús, por estar plena del Espíritu Santo. Al final sino participa ministerialmente, ciertamente colabora. Quienes consideran que un título para María es que se le llame "Corredentora", que es mucho más atrevido si no se entiende bien, más fácil es que sea "Pastora de las Almas".

Que es lo que se puede entrever en el pasaje de Pentecostés de Hch. 1,14: ahí está María. Habría que recordar una especie de "principio de economía" en la Escritura: lo que dice, lo dice por algo, no en balde. Si destaca que allí estaba María, es porque esa presencia no era casual, como tampoco el recordarla. En ella hay un "pentecostés" adelantado cuando la Anunciación, inicio de la Encarnación: es decir, el Espíritu desciende sobre ella. En el segundo, el narrado en Hechos, el Espíritu adviene no sobre su cuerpo, sino sobre el cuerpo de la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, a la que ella pertenece.

Podríamos imaginarnos a María aglutinando y animando a aquellos discípulos, bastante atemorizados aún. Si bien no hay forma de probarlo, pero las culpas estarían a flor de piel, más en el caso de Simón Pedro. Por lo que la figura maternal de María, en palabras y gestos, ayudaría a que Pedro "confirmara la fe" (que es la misión propia de Pedro como cabeza del colegio apostólico). Los consolaría, confirmaría y aglutinaría a la espera del Espíritu. Ayudaría tanto al Buen Pastor como a los pastores. Así estos se abrirían al Espíritu,lo que ella, como mujer pneumática (llena del Espíritu Santo), sabía: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38).

La relación de María con el misterio de Jesús y de la Iglesia puede darnos mejores luces para comprenderla como "Divina Pastora". Lo que hace considerar que, si bien en sentido preciso Jesús es Buen Pastor, la dinámica del pueblo de Dios es de corresponsabilidad en la misión, aunque se diferencien los ministerios.

En una oportunidad me tocó dar una reflexión a la Curia Arquidiocesana de Barquisimeto. Aunque no sé si fui lo suficientemente claro ni si se sentían tan impactados como yo, pero les decía que veía una semejanza entre la labor de ellos y la de la Divina Pastora. Ella colaboraba con Jesús, Buen Pastor. Ellos colaboraban con el obispo, como pastor arquidiocesano.

En estos tiempos de sinodalidad, de camino conjunto como Pueblo de Dios, el discernimiento y la toma de decisiones se hace en participación y corresponsabilidad, sin confusión de responsabilidades. Pero, aun en lo propio del sacerdote, también la comunidad puede velar colaborando con su ministro, reflejo de Jesús Buen Pastor. Esto sin tomar en cuenta, pues lo asumimos como obvio, la misión compartida de evangelizar y, la de algunos, ser animadores de comunidades y movimientos. Si no pueden actuar como Jesús Buen Pastor de manera plena, sí lo pueden hacer al modo de María, Divina Pastora.


RATZINGER, EL PAPA TEÓLOGO

(06 Ene 2023) No es fácil salirle al paso a la eventualidad del fallecimiento del papa Benedicto, acontecida el 31 de diciembre. Porque hacerle mención es más que obligatorio. Pero escribir unas líneas que le hagan justicia, es una tarea que me sobrepasa.

Nunca sabremos qué fue lo que perdió la Iglesia cuando al conspicuo profesor de Ratisbona se le hizo arzobispo de Múnich. Ni que se perdió cuando lo hicieron Prefecto de la Congragación para la Doctrina de la Fe. Parece cierto que pocas personas podían exhibir su currículo. Así que mejor ¡imposible! Pero ¿qué dejó de escribir? Ese es el dilema.

Para lo cual importa considerar que no es lo mismo ser un teólogo que un obispo. Y menos el obispo de Roma. Se podrá hablar con teológica. Pero el teólogo es siervo del método teológico, cuando el obispo lo es de la Tradición. Benedicto hizo teología, es cierto. Basta considerar la trilogía de Jesús de Nazaret. Pero nada más. Lo demás fueron intervenciones en los que pesó su carácter de Cardenal y Prefecto, y luego Pontífice. Que, como digo, fueron magistrales.

Así que, para alguien que desee conocer la teología de Ratzinger-Benedicto, en parte debe considerar las intervenciones oficiales, si bien dichas intervenciones están al servicio de confirmar la Fe y no indagar alcances o brindar propuestas novedosas. Claro que la teología debe estar al servicio de la Fe y, por supuesto, de la Tradición. Entendemos por Tradición no las costumbres repetidas de generación en generación, sino la asimilación actualizada de la Revelación por parte del Pueblo Santo de Dios, en comunión con sus Pastores, que recorren tiempos diversos a lo largo de la historia.

Lo cual no quiere decir que no estuviera marcado por el ansia de la cátedra o la investigación teológica, como consideró una vez que alcanzara la edad de su retiro. De hecho, ya siendo Papa acudió a Ratisbona e intervino como docente en un tema complicado para los ajenos, como fue las diferencias de la fe entre religiones como el cristianismo y el islamismo.

Pero Benedicto siempre fue un buscador. De hecho, la Fundación Ratzinger hizo un simposio sobre la trilogía Jesús de Nazaret cuyas ponencias se publicaron bajo el nombre de Los Evangelios: historia y cristología. La búsqueda de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Indagar su teología, como líneas fundamentales y ceñidas a la Tradición, requiere la revisión también de sus intervenciones, de las más notables a las más modestas.

Pero un asunto a destacar del Papa-teólogo es su capacidad de diálogo. Como precepto tuvo mala fama. De hecho, personalidades como Leonardo Boff tuvieron que ver con él. O el caso de Jon Sobrino, criticado en un texto italiano de manera, me parece, infundada. Pero cuando llega al Papado, modifica algunas normas de la Congregación, que permiten a la persona que es investigada saber de qué se le investiga, como para fundamentar su defensa. Y el caso de Pagola, casi que execrado por la Conferencia Episcopal Española, acudió a la Congregación, cuando Ratzinger ya era Papa, y esta consideró que su obra Jesús, aproximación histórica no contenía errores doctrinales. Y el precepto fue el cardenal Müller, quien no parece conservar una buena relación con Francisco, pero que se consideró amigo del teólogo de la liberación peruano Gustavo Gutiérrez, y publicó algo con él. Ratzinger, siendo Cardenal, publicó una serie de intercambios con Habermas, director del departamento de sociología del Max Planck, uno de los tres institutos de investigación más famosos del mundo, pese a que este fuera ateo y de la Escuela de Frankfurt, del neomarxismo. Ya de Pontífice, invitó a Castelgandolfo al teólogo Hans Küng, para conocer su propuesta de una Ética universal.

Leer tanto al teólogo como al Papa siempre fue una delicia. Su prosa sencilla y amena, que no perdía profundidad; su vasta cultura, que lo hizo miembro de la Academia Francesa. Podía ser el argumento más empinado, que lo razonaba con una lucidez meridiana.

Es cierto que no pareció ser cercano a la teología latinoamericana, menos la teología de la liberación. Sin embargo, sus intervenciones en la Asamblea General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida han sido muy valoradas. Igual consideró que el método latinoamericano de lectura bíblica con el Pueblo de Dios era valioso. Si fue renuente con la teología de la liberación, fue por una generalización de la influencia marxista y por una reticencia ante la idea de la evolución lineal y positiva de la historia, propia tanto de Hegel, Marx como de Teilhard de Chardin. Siempre la historia puede retroceder. No siempre avanza.

Puede considerarse como pretexto que, estando de profesor en Tubinga, ocurrió el Mayo francés. Corrían el año 1968. Tanto la Revolución Sexual como la irrupción del marxismo, así fuese de la Escuela de Frankfurt, constreñían a los profesores a doblegarse ante él. Ratzinger prefirió la tranquila localidad de Ratisbona para seguir su carrera magisterial. Crisis epocal importante para el futuro Pontífice, pues luego considerará que, del relativismo intrínseco, derivarán los abusos sexuales a menores.

Por último, cuando nos despedimos del Papa-teólogo, queda la pregunta sobre el puesto de la teología para la Iglesia actual. Pues de teólogos que fueron inclusive retirados de sus cátedras vinieron parte de los aires del concilio Vaticano II. En el aula conciliar se debatieron cantidad de propuestas. Y, al principio, la referencia a la teología fue impulso para los años subsiguientes.

En la actualidad, lo dice Habermas, la influencia del intelectual es escasa en la sociedad actual. Otro tanto puede decirse de la teología. En ocasiones parece un ejercicio académico cuyo objetivo es cumplir un requisito académico para quien quiera ser ordenado sacerdote. Ya no hay debates. Al menos no como antes. No porque estemos más de acuerdo, sino porque no importa. Parece que volvemos a refugiarnos en las formas eclesiales tradicionales, sin renovación ni impulso. Pese a los esfuerzos de Francisco. A lo mejor algún día regrese la teología como un servicio para la comprensión de la fe. También como una manera apremiante para discutir cuestiones fronterizas, con el vértigo de quien desee ser fiel a Jesús. En parte la teología ha sido la responsable de su ostracismo, cuando se ha mostrado escasa de vida: no solo árida, sino también xerófila.

¡Feliz año para todos!".


Y EL VERBO SE HIZO CARNE

(24 Dic 2022)El prólogo del evangelio de Juan que proclamamos en la Eucaristía de cada 25 de diciembre tiene unos hermosos y siempre sorprendentes matices. La misa del día, quizás más serena que la de la noche, que juega con el elemento tinieblas y le da un toque de dramatismo, reposa sobre la contemplación del Verbo preexistente. Expresión que en el original griego traduce a Logos, y que tiene una polisemia, es decir, significados múltiples simultáneos.

De por sí el evangelista, para hablar de la preexistencia del Hijo junto al Padre, en vez de usar una expresión más cercana, se decanta por el Logos. De por sí se pudiera traducir como Verbo, pero también como Palabra. Incluso Sabiduría ¿Por qué no haber hecho las cosas más fáciles?

El prólogo sitúa al Verbo (voy a preferir este vocablo, para evitar enredos y que sea más reconocible en la biblias de los lectores) antes del inicio de todo y junto a Dios, al nivel de Dios y como Dios. Afirmación que para nosotros suena habitual, pero que, si nos situamos en el primer siglo y en un evangelio que se expresa en un griego con reminiscencias arameas, resulta escandaloso. El solo Dios, el Único, no está solo, sino con alguien a su nivel y que es Dios. Evidentemente que estamos lejos de la fórmula del credo, del siglo IV, por lo que la expresión no es fácil de digerir, por más que en las comunidades la línea apostólica confiesa a un único Dios. Así que podía sonar rudimentario el balbuceo entre las referencias a Dios y al Verbo, o sea, su Hijo.

El prólogo sitúa al Verbo al inicio de la creación, como creador con o, por decirlo así, cocreador. Ya aquí se despega insinuaciones que evocan, por ejemplo, a la personificación de la Sabiduría como "ayudante" de Dios en la creación. Dicha personificación es un recurso literario para decir que Dios crea sabiamente, lo cual está impreso en sus creaturas. Sabiduría no implica arrogante superioridad, sino graciosa ejecución. En la península (España), graciosa se entendería como gratuita, dado con beneplácito, no como chistoso. Pero además con una belleza tierna, que cautiva en su simplicidad. Decir que la creación está llena de la sabiduría de Dios, es que puede descubrirse piadosamente y con la razón. Y nos conseguimos con primer despliegue de significado, pues se abre a cosmovisiones diversas del judaísmo.

Para la ética griega de los que buscaban bien vivir, evitando los excesos, había en la naturaleza una especia de ley o de lógica, que debía ser respetada. Tenía su Logos. Parte del saber vivir consistía en adecuarse a esa lógica, evitando, por ejemplo, los vicios. Por supuesto que la postura de los filósofos, desde los que consideraban al ser humano desde una perspectiva materialista (los estoicos) hasta los más espirituales (los neoplatónicos), para los cuales esa lógica o logos estaba en lo material o en lo espiritual, la actividad intelectual o reflexión era fundamental. Inclusive el acceso a las cavilaciones desde el punto de vista de la razón podía ser equiparadas a la salvación.

Afirmar que Jesús es el Logos encarnado era, además de una forma de asomar lo que llamaremos la segunda persona de la Trinidad, expresar en esa terminología la realidad de Jesús y, a su vez, proponerlo como el auténtico Logos. Todo esto desde el libro de la Sabiduría y considerando que el recurso literario de la personificación terminó siendo real.

Otro matiz es considerar el Verbo no solo como acción, que está muy bien, sino como Palabra ejecutante. Ello vuelve a retomar el aspecto de la creación, pero también de la redención. Dios redime con su Palabra (o Verbo), porque es eficaz y hace lo que dice. Es un recurso para evitar afirmar que Dios, que es espíritu, tenga manos para hacer las cosas o enfrentar a los enemigos de Israel. Al final es la Palabra, que es Verbo. Al mismo tiempo, Jesús cura y libera por su palabra, porque Él es la Palabra actuante, el Verbo.

Pero la palabra es tan sutil, que es aliento. Y el aliento de Dios (ruah) es el que infunde la vida en Adán. Pero así se puede considerar algo tan sutil, que sale (se exterioriza) por la boca de Dios. Dios pronuncia su Palabra y así se van creando todas las cosas. El Catecismo aludirá a esta figura como una para hablar de la Trinidad en la creación (CEC 707)

Pero, por otro lado, Jesús es la Palabra, en el sentido de Dabar (la Palabra de Dios) y debarim, las palabras de la Alianza: Él es la Alianza del Dios con nosotros… "y los suyos no lo reconocieron".


ENCARNACIÓN Y KÉNOSIS

(12 Dic 2022).Nos acercamos al 25 de diciembre. Celebramos ese día, como bien sabemos, el nacimiento de Jesús. El mismo texto del prólogo del evangelio de Juan, de ese día, nos habla de la Encarnación. Cuestión que podría remitirse al 25 de marzo, 9 meses antes, cuando celebramos la Anunciación del Señor y, por lo tanto, la concepción del Señor en el seno de la Virgen.

Esa lectura, la de Jn. 1,16, dice que "el Verbo se hizo carne". Algunos traductores prefieren traducirlo por "el Verbo se hizo hombre". Lo cual amplía y oculta la comprensión. Por lo que también pudiese traducirse como "el Verbo se hizo humano", para plantear todo lo que es propio del ser humano y ampliarlo a la realidad del varón y de la mujer, abarcando todas las edades y realidades.

Puede que quede oculto, puesto que lo tradicional es dotar al hombre Jesús de "superpoderes" divinos (es lo que algunos entienden cuando actúa como taumaturgo), que la palabra griega traduce no carne trémula ni pellejo, cuerpo o biología, sino la condición de vulnerabilidad del ser humano, que lo hace ser sacudido por las circunstancias de la vida, estremecerse, enfermarse, sentir hambre, calor, necesidad, languidecer y morir. De tal manera que asume aquello de lo que no nos enorgullecemos ninguno de nosotros. Todo, menos el pecado. Todo, incluso la tentación.

A partir del siglo II y bien entrado el V, con prolongaciones menos relevantes, esto que llamamos encarnación se fue queriendo esclarecer. No fue una reflexión lúcida y lineal, sino plagada de errores bienintencionados, pero errores con consecuencias tremendas de haber prosperado.

La primera posición, queriendo simplificar, fue la de considerar a Jesús solo como un hombre más, puede que un profeta. Quienes provenían del judaísmo se sentían cómodos con esta perspectiva, pues salvaba la unicidad de Dios. Otros, que fue un hombre que en el momento del bautismo fue "adoptado" por Dios. En realidad, pronto se desechó como problemática.

Más bien, con el tiempo, la preocupación que ganó cancha fue qué tan humano habría sido Jesús. Y, ligado a esto, que tan divino había sido. En cuanto a lo primero, las propuestas partieron desde la simple apariencia, sin nada de realidad, hasta una humanidad carente de inteligencia o voluntad humana, sino solo divina. Lo segundo, se consideró que su divinidad era de segundo grado, por así decirlo: se trataba de la primera creación del Padre, siendo un dios creado, si bien superior a las criaturas, pero no eterno. No faltó quien propusiera que lo humano y divino discurrían en paralelo, como si fueran dos personas distintas, el humano y el divino.

Todo este proceso, que normalmente se cataloga como "reflexivo", en realidad habría que considerarlo "meditativo", en el sentido monacal. O sea, no es una reflexión aséptica y cerebral sobre un escritorio o inmerso en una biblioteca de alguna institución académica de renombre. Fe reflexión, o meditación, desde el camino, teniendo en cuenta la historia y la fe de las comunidades, que incluyen la relevancia de la liturgia. Es una reflexión con el trasfondo de la oración, si no queremos traicionar la autenticidad de la Tradición afirmando, de manera anacrónica, un absolutismo de la razón. Constituiría el sitz und leben desde donde se elabora la reflexión, o sea, la situación y vida (catequesis, liturgia, respuesta a las herejías, todo esto escudriñando las Escrituras).

Como resultado se elaboran los símbolos de la fe que aun hoy en día recitamos en la misa (cuando hacemos el largo, pero el corto también subraya lo esencial). El concilio de Calcedonia, de 451, es el que de manera magistral define y afirma, sin explicar sino estableciendo los límites de la ortodoxia, la doble naturaleza de Jesús, perfecto en su divinidad y perfecto en su humanidad, sin mezcla, ni confusión, ni absorción de una por la otra, en una única persona divina.

Con esto se va llegando a una primera conclusión irrenunciable: lo humano ha sido elevado a lo divino. Tanto, que la reflexión soteriológica explica la salvación como una elevación de lo humano a lo divino. Por lo tanto, los seres humanos son elevados hasta la altura de Dios. Cosa que debe entenderse como una elevación en dignidad y "paridad", desde donde hay que entender la expresión "ser hijos de Dios por adopción", de san Pablo, y "ustedes serán dioses", que dice Jesús en el evangelio de Juan.

Como recuerda el Prof. Rafael Luciani, en Jesús se da un mesianismo asuntivo: asume lo humano y lo eleva en su ascensión a la altura de Dios, concediéndole estatus de eternidad. La primera que participa perfectamente de este movimiento es la virgen María, que es la primera asunta y de manera del todo distinta al resto de la humanidad, sin que la diferenciación niegue la conexión de los bautizados con ella.

La consecuencia de esto es la frase que utiliza y se le atribuye a san Ireneo, aunque tenga otras procedencias: lo que no es asumido no es redimido. Todo lo humano ha sido asumido en Jesús, para que adquiera la dignidad de lo divino, luego de ser purificado de los restos del pecado. Allí podemos afirmar que, por el hecho de su Encarnación, toda actividad y realidad humana ha sido asumida y purificada, por lo que el trabajo, la educación, la cultura, el arte, la economía, la cultura, la política, el amor humano… todo ha sido asumido a la altura de la dignidad de Dios.

La segunda consecuencia del movimiento encarnacional del Verbo está ligada a la llamada kenosis o abajamiento, que se describe en Flp. 2-6-11. O sea, el Verbo no solo se encarna, sino que se despoja de su "condición divina", para adquirir la condición de "siervo" (la palabra "esclavo" es posterior, pero significa lo mismo). Y someterse a la muerte, "y una muerte de cruz", la más humillante del mundo antiguo, propia de esclavos y rebeldes. El movimiento kenótico hace énfasis en lo que ha venido descuidado por la búsqueda de precisión en cuanto a la realidad o naturaleza de la Encarnación, y es su dimensión de servicio a los últimos y desde los últimos, y muerte de cruz. Jesús no se encarna para vivir en un palacio o para ser agasajado, sino para servir y dar su vida por muchos.

La Encarnación conlleva no solo que Jesús no es ser humano en abstracto, sino dentro de un pueblo y una cultura, con sus costumbres, creencias y prácticas religiosas. Y, en esa situación y cultura, se identificó a abajó hasta los últimos, por lo que su kénosis no se limita a hacerse hombre, sino a hacerse hombre empobrecido. Quien no tenía dónde reclinar la cabeza seguramente tuvo un hogar en Nazaret y hasta un espacio donde trabajar, más allá de cómo él y san José ejercieran el arte de la carpintería. Jesús deja todo esto al hacerse un predicador itinerante, debiendo conformarse con el hospedaje que le ofrecían y las ayudas que le dieran, por ejemplo, las mujeres y las viudas.

La Iglesia tiene la particularidad de ser Cuerpo de Cristo, para usar la expresión neotestamentaria, que asume el concilio Vaticano II. Habría que recordar que es enviada al modo de Jesús. Que prolonga en la historia la presencia sacramental de Cristo, y no solo ni primeramente en la Eucaristía. El cristiano era crismado (ungido por el santo Crisma en el bautismo -y confirmación) para ser otro cristo (que significa ungido). De ahí que la Iglesia, a su manera, debe asumir la lógica de la Encarnación y de la kénosis, asumiendo la cultura y la historia de los pueblos, haciéndose servidora y dando prioridad a los pobres. En el amor-servicio ocurre la purificación de las culturas, que es más que en la predicación, cuestión reservada regularmente para los clérigos y afines. Si el pueblo de Dios, que es santo, es plurivocacional, esa pluralidad debe reflejar la cercanía del Dios de Jesús hacia los pobres, no por exclusión, sino como lugar de inclusiva universalización.

Recordaremos el nacimiento de Jesús en el pesebre. Nos dará de qué pensar su pobreza. De forma distinta y sin pauperismos, todos debemos reflejar el movimiento encarnacional y kenótico que debe hacer la Iglesia, como enviada por el Señor.


INTELLECTUS AMORIS

(04 Dic 2022).La expresión proviene de Jon Sobrino. Toma impulso de la expresión medieval intellectus fidei (inteligencia de la fe o la fe razonada o comprendida), de san Anselmo (fides quarens intellectum, la fe en cuanto entendida) y asumida por santo Tomás. La llamada teología de la esperanza, de la que se derivan luego las teologías políticas, lo reeditó como intellectus spei, la teología como "inteligencia" de la esperanza. Jon Sobrino busca proponer una teología del intellectus amoris o intellectus misericordiae.

1. Fides intellectus

San Anselmo (1033-1109) supuso la entrada novedosa de la razón en la llamada teología monástica, que es esa explicación de la fe aplicada a la vida de los monasterios. También se le llamaba teología sapiencial, en el sentido de que su intención era ayudar a vivir con sabiduría: que la fe tuviera" sabor" (donde proviene la palabra sabiduría). Buscaba ayudar al aprendiz (el iniciado) a adentrarse en el misterio de Dios y su transformación interior. La referencia a la Palabra de Dios era clave, pero era común la interpretación simbólica o alegórica, para encontrar aplicaciones mistagógicas (de introducción en el Misterio de Dios para los monjes).

Anselmo busca acercarse a la fe desde la razón, no porque quisiera ponerla en duda. A través de otra óptica, con preguntas diversas, el abad buscaba elevar la mente a Dios, que es una forma de definir la oración. O sea, las preguntas llevarían al asombro por la majestad divina. De hecho, aunque cabalgue sobre la razón, su estilo (muy agustiniano) es de un diálogo amoroso a partir, por ejemplo, de los atributos divinos.

En la medida en que se abren paso las escuelas monásticas y catedralicias que derivarán en las universidades, la razón aplicada a la fe tendrá más importancia y gozará de un método más refinado. Cierto que se hará en base a concepciones de tipo platónicas o, en caso tal, los razonamientos de autoridades como san Agustín. De ahí que Pedro Lombardo quiera compilar en Sentencias las referencias a lo que dijeron personalidades de antaño. Con el descubrimiento de las obras de Aristóteles y la superación de formas de interpretación de este filósofo polémicas con la fe, se gira un poco más la rueda de la razón para abordar la fe. Cuestión está que hará a exponentes, como san Buenaventura, a oponerse a los admirados planteamientos de su amigo santo Tomás y todos aquellos más radicales, que asumían categorías novedosas de la novedad filosófica.

Así el sistema tomista, cual edificio, estaba dotado de unas bases razonables que, por supuesto, presuponían la fe. Por cierto, que, por ejemplo, cuando santo Tomás se dirige a los gentiles (o sea, a los judíos o musulmanes), su razonamiento no se apoya en fuentes propias de la fe cristiana, para propiciar un auténtico diálogo y acercamiento. Distinto caso a la Suma contra los gentiles es la Suma Teológica.

Durante siglos, y debiendo enfrentar, por ejemplo, los embates de la Reforma, del racionalismo o la Ilustración, el planteamiento (no siempre "glorioso") de la teología fue centrarse en las declaraciones solemnes de la fe, que llamamos dogmas, y cualquier otra intervención del Magisterio (lo enseñado con autoridad por el Papa o lo definido en los Concilios). Se omitía la referencia a la Sagrada Escritura, Tradición, Patrística y hasta Liturgia, sin consideraciones relevantes hacia la historia, solo con un par de excepciones en el siglo XIX. de lo enseñando por la Iglesia y, por lo tanto, lo que contiene las definiciones de fe. Sorprende ver cómo fue posible en el siglo XIX que se iniciara, en este ambiente, la Doctrina Social de la Iglesia. Desde el concilio de Trento la preocupación había sido en preparar en los seminarios para la "cura de almas".

El modelo de comprensión de la fe, con tantas limitaciones, sin embargo, sirvió para consolidar de manera esencialista, por ejemplo, los sacramentos: qué es propio del sacramento tal (por ejemplo, la Eucaristía), sin lo cual este sería inexistente si faltase. Esto pudo permitir que se adoptara una normativa para proteger ese mínimo indispensable, sin el cual no habría sacramento.

2. Intellectus spei

La teología de la esperanza propuso razonar la fe desde la esperanza, o la esperanza en sí misma, como motor de la vida cristiana. Toma impulso de Ernst Bloch, un marxista expulsado a raíz de sus propuestas "heréticas" según la Internacional Comunista. El consideraba que lo que mueve la acción humana de transformación es la esperanza (no las fuerzas dialécticas de la historia, que implica la lucha de clases). Así que, teniendo en cuenta que es una de las virtudes teologales y que Pablo la nombra en 1Co 13, resultaba apropiado para el abordaje de la teología. Claro que el cambio de acentos implicaba una crítica hacia una manera quizás abstracta de razonar la fe, sin consecuencias históricas.

Por tal razón quienes iniciaron reflexionando sobre la Teología de la Esperanza, prosiguieron luego con teologías políticas, sin que ello implique la politización de la política, sino las consecuencias para la convivencia y el ordenamiento social. Es cierto que se parte de la premisa de la situación de "pecadosidad" de las formas presentes de organización social que toleran y protegen la injusticia (no de impresiones, sino de patrones y estructuras comprobados, que normalizan comportamientos contrarios al bien común). La oposición cristiana en razón de su fe lo lleva en esperanza (tanto de vida eterna como de futuro mejor) a buscar cambiar estas situaciones.

3. Intellectus amoris

Jon Sobrino desplaza el centro de atención teológico hacia el amor o la misericordia. Si bien se podría decir que intellectus amoris o intellectus misericordiae son intercambiables, contiene acentos distintos. La misericordia, que su etimología incluye al corazón, añade el aspecto de acercamiento compasivo ante la miseria sufrida por otros, particularmente los más vulnerables. Intellectus amoris puede parecer más amplio, pero al final se trata de identificar lo que mueve la vida cristiana en cuanto a caridad fraterna (caridad como amor interesado, que es su acepción en latín, no como ofrenda de limosnas ni de sobrantes). O reflexión sobre la praxis cristiana, que debería ser el amor en contexto.

La misma teología de la liberación, de la que Jon Sobrino es representante, dice partir de la praxis de cristianos que, a partir de su fe, buscan transformar las estructuras que producen pobreza, opresión y marginación. La motivación principal, que en teología es una moción del Espíritu, es el amor y no el cálculo inmediato de revertir el presente. Se hace motivados por el deseo (puesto por el Espíritu) de seguir a Jesucristo en la historia concreta. Cuestión que hace que cambie la manera de concebir los campos de la teología. Para la línea teológica de Jon Sobrino la praxis del Evangelio es clave y se traduce como amor. Más allá de la relevancia para su propuesta teológica, creo que es capaz de articularse adecuadamente con otras teologías de otros hemisferios. Baste recordar que la encíclica inaugural de Benedicto XVI justamente versaba sobre el amor en su dimensión más profunda que, por supuesto, debía generar una manera de ser Iglesia (comunidad de creyentes) en el mundo. Nos sentimos urgidos por el amor de Dios, diría san Pablo. "Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron. Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos." (2Cor 5,14-s5).


Seguimiento de Jesús y justicia: un movimiento que desborda el espacio litúrgico

(27 Nov 2022).Me dan la oportunidad de colaborar con una columna semanal en este portal arquidiocesano. Cuestión que es un honor. En cuanto a la temática, parecería obvio que fuese sobre Derechos Humanos (DDHH), pues he sido vicario para estos en Barquisimeto y tengo formación en este campo. Pero en realidad mi formación, desde hace tiempo, ha estado centrada en la teología y, de manera más concreta, en cristología. Desde este eje, sin eludir temáticas, pretenderé aportar algo.

Claro que el tema de los DDHH es fundamental en sí mismo. Ya lo decía Kant: el ser humano nunca es un medio, siempre es un fin. Bien habla de la dignidad que no puede ser usada o pisada para conseguir otros fines. Sin embargo, debo confesar que lo que haya habido de empeño en mí por los DDHH, ha tenido como motivación añadida el seguimiento de Jesús, encontrarme con Él y, dentro de la tradición latinoamericana, orar y reflexionar mi fe (la fe de la Iglesia) desde allí.

Jon Sobrino en su caso plantea la irrupción de los pobres y los mártires. Carlos Mendoza-Álvarez habla de víctimas sistémicas. Desde hace varios años se ha abandonado la consideración de que la "salvación" de los pobres debía ser un logro inmediato propio y exclusivo de cuando la izquierda fuese a ser gobierno en la región. Al final los pobres siempre son los olvidados o los utilizados, por gobiernos de diversas tendencias. Es lo que plantea la etiqueta de "populismo". Los descartados, en palabras del Papa Francisco.

Si bien siempre me motivó ejercer mi ministerio cerca de los pobres, por razones diversas aprendí a ver y explorar solidaridades desde otros lugares del espectro social. Esto permitió intentar ver en la práctica lo que Clodovis Boff llamó Pastoral de la clase media: como seguir teniendo como referencia al Dios Padre anunciado por Jesús y a los pobres como los destinatarios privilegiados de su Reino. También tuve la ocasión de apoyar a una asociación civil avocada a la atención y concientización sobre la depresión. En ese contexto tuve el privilegio de acompañar y establecer lazos de amistad con la comunidad conformada por los vendedores ambulantes, que escoltaban a la imagen de la Divina Pastora en el recorrido parroquia tras parroquia. Además de permanecer a un país empobrecido como Venezuela, con la crisis humanitaria compleja.

En este contexto, en el 2017 se me dio la oportunidad de conocer y tratar con víctimas de excesos de los órganos de seguridad del Estado (incluso víctimas fatales). También de conocer la situación y exigencias de grupos con carencias en los servicios de agua, luz, salud… con el riesgo de ser alcanzado por la represión por protestar por la carencia del gas… y morir.

Recuerdo el caso de un joven campesino, padre de tres niños, del municipio Crespo. En una madrugada, luego de ordeñar unas vacas, lo alcanzó la muerte. Iba a pasar por casa de sus padres, para dejarles algo de leche, cuando murió electrocutado. Debía ser una noche sin luna, cuando se lanzó por la pica entre árboles y sembrado de maíz, como siempre hacía, ni no fijarse en el cable de alta tensión que yacía en el suelo. En Venezuela no ha habido mantenimiento del tendido eléctrico que se extiende por los campos, menos sustitución de los cables deteriorados. Por lo que pareciera que, ante esto, es más barata la vida de un campesino.

Desde este contexto he pretendido seguir a Jesús y, dentro de lo que pueda, pensar con teología. No solo Él le otorga un carácter divino a lo que ya tiene de digna la vida humana. Se trata, por decirlo así, de intentar no haber perdido el tiempo en la Iglesia (ni habérsela hecho perder a ella) por dejar escapar y postergar lo realmente fundamental.

Ello significa que coloco la presencia de Jesús (el Cristo) en el espacio de real, en el sentido histórico y social. Lo existente es, en todo momento, alcanzable en la existencia y no solo en el espacio cultual. Lo sagrado que es la vida se haya fuera del espacio sagrado.

El desafío, por supuesto, es liberar a Jesús de un discurso que lo confina al lugar de culto, "sagrado" en el sentido de separado de la vida. Cuestión criticada por Pedro Trigo, cuando lo califica de paleolítico, juego de palabras que significan paleo, viejo o antiguo, y litis, piedra. Es una manera de referirse al culto del antiguo Testamento, centrado en el templo y altar de piedra, y contrastarlo con Jesús que los sustituye ocupando su lugar. De ahí que, para él, la lógica de la Eucaristía en la del banquete entre hermanos.

Estos desafíos no son fáciles de acometer. Si bien hay una transmisión de la fe dentro de las familias creyentes, los espacios habituales que la gente identifica con lo religioso son los relacionados con el culto. Puede que para algunos exista la experiencia de los grupos o movimientos como lugares de experiencia de fe. O la asistencia frecuente a la catequesis como espacios cercanos al templo, pero no cultuales. El contexto frecuente para muchos es la misa, la Eucaristía. Así que es fácil que Jesús pueda ser un tema más de la predicación, posiblemente el central, pero preocupada por congregar, motivar o emocionar al mayor número de feligreses.

Es necesario predicar para otras prácticas y otros contextos no cultuales. Inclusive para facilitar o recoger la vivencia de los cristianos en diversidad de circunstancias y estados de vida. Por supuesto que no se trata de renunciar a los espacios de congregación y culto, pues son acordes a la necesidad de re-ligare (religar, es decir, de religión, relacionarse con lo Sagrado) y con espontaneidad la gente acude cada semana. Por supuesto que es necesario una cultura litúrgica más refinada, comenzando por los mismos pastores, para interpretar y proponer los símbolos que acompañan los sacramentos (tanto los introductorios como los explicativos), con las referencias bíblicas necesarias y su relación referencial a la vida, que implica la cura de la belleza.

Lo cierto es que el Evangelio de Mateo (9,10-13; 12,1-8) recuerda lo que dice el profeta Oseas 6, 6-7: "misericordia quiero y no sacrificios, conocimiento de Dios y no holocaustos". Sería triste que esta expresión tuviera vigencia para quienes acuden a la "Cena del Señor" y son indiferentes a su presencia en la vida, particularmente de los pobres y de las víctimas.

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